sábado, 3 de junio de 2017

En defensa de "Salón MUNAL": carta a María Cristina García Cepeda, secretaria de Cultura

Hace pocos días, la Sra. Sara Baz, nueva y flamante directora del Museo Nacional de Arte (MUNAL), anunció la realización de un evento ideado por el Sr. Daniel Godínez Nivón, reconocidísimo artista del Helicón Patrio, en que el público podía bailar en el Salón de Protocolos del Museo Nacional de Arte.
La proposición fue titulada "Salón MUNAL" en reminiscencia e imitación cercana de los antros de sospechosa y no tan sospechosa reputación de los años 40 del siglo XX. La originalísima proposición fue justificada como un mecanismo para atraer al museo al público que jamás se ha interesado por ir al recinto a pesar de la valía de sus colecciones, los conciertos, las conferencias y visitas guiadas o, aun, la entrada gratuita el día domingo.
Tal originalísima y vanguardista proposición fue criticada por algunos grupos con el argumento que peligraba el singular patrimonio arquitectónico que representa el Salón de Protocolos del MUNAL en sus valores artísticos, culturales, arquitectónicos e históricos reconocidos por propios y extraños como también por instituciones nacionales e internacionales. El caso levantó una cierta controversia en redes sociales y, lamentablemente, las autoridades cedieron y prohibieron su realización en el Salón de Protocolos, pasándolo al Patio de los Leones.
¿Qué importa el daño a las obras si se logró una experiencia transgresora e incluyente que acerque al arte a quien nunca se interesó por él?
Algunos pensaron en el caso de las destrucciones de la Sala de Espectáculos del Palacio de Bellas Artes, del Cine Teresa y los daños perpetrados a la estatua realizada por Manuel Tolsá conocida como "El Caballito". Todos ejemplos carentes de peso para el presente caso porque ¿qué importa un salón de tan singular belleza, extraordinario y único valor artístico, cultural e histórico si se daba la oportunidad de que el público normalmente desinteresado por entrar a ese edificio podía apropiarse del recinto, aunque el espacio fuera dañado?
Toda persona medianamente sensata juzgará conmigo de modo reprobatorio a esos grupitos de mentalidad conservadora que insisten en no tratar al público de nimiamente tardo en entender; esos clasistas que califican de recurso populista la organización de bailes en un museo para atraer al público; y que, además califican tal evento como claudicación y tentativa postrera ante el fracaso de no poder realizar exposiciones que por sí solas sean lo suficientemente atractivas para convocar a la audiencia.
Son elitistas (horribile dictu) que recordarán exposiciones como las dedicadas a Darwin, o a Leonardo y Miguel Ángel, o a la cultura maya, donde, sin bailongo, acudió un público heterodoxo de muy diversas clases sociales y mayoritariamente muy joven a esperar muchas horas en interminables filas ante los correspondientes museos. Curiosamente ninguno de ellos era dirigido por la Sra. Sara Baz, ni curadas sus exposiciones por el Sr. Abraham Villavicencio.
Toda persona medianamente sensata juzgará conmigo de modo reprobatorio a esos grupitos de mentalidad conservadora que insisten en no tratar al público de nimiamente tardo en entender.
Pero, a pesar del apabullante éxito, en realidad, todas esas exposiciones fueron un rotundo y sonado fracaso. La razón es sencilla y lógica. En su realización solo se consideraron criterios clasistas, excluyentes y elitistas (horribile dictu) relacionados con calidad y rigor intelectual museográfico, pero nunca se ensayaron criterios incluyentes para atraer a ese público que ni en un sueño marihuano se ha parado en un museo.
Contrario y muy diferente es el caso, digno del más alto encomio, de lo que acontece ahora en el Museo Nacional de Arte. Ahí la Sra. Baz y su museógrafo Abraham Villavicencio reconocieron acertadamente que la calidad de la investigación y museografía es banal e irrelevante mientras se logre atraer a ese público que jamás ha tenido interés de entrar.
Debo expresar mi más profunda reprobación al respecto de todas esas personas que piensan que los asistentes al Salón MUNAL —si nunca antes habían tenido el interés de asistir al museo a pesar de sus obras, sus conciertos, conferencias, visitas guiadas y la entrada gratuita el domingo— tampoco volverán al recinto si no hay bailongo. Se equivocan drásticamente. Esas son ideas conservadoras y anticuadas, pero ante todo clasistas y elitistas (horribile dictu), alejadas de toda idea moderna inclusiva, activista, original, vanguardista, propositiva, multicultural y, ante todo políticamente correcta.
Debo expresar mi más profunda reprobación al respecto de todas esas personas que piensan que los asistentes al Salón MUNAL tampoco volverán al recinto si no hay bailongo.
Es claro que todas esas personas faltas del más mínimo interés por el museo y sus obras, en el momento que traspasen los umbrales del museo con la intención de ir a un jolgorio, así sin más, se sentirán arrebatadas por el aura del recinto, empapadas en gozos extáticos, y anegadas en irrefrenable sed por asistir al museo el resto de su vida sin importar lo que se exponga. Sin importar si carece de museografía como es el caso de las ensaladas que presenta el Sr. Villavicencio, sin importar si sea de dulce, chile o de manteca, como es el caso de la exposición Melancolía: el fervor por el arte los arrebatará como al profeta Elías en flamígero carro. ¡Todo gracias a "Salón MUNAL"!
Así, resulta irrefutable que la preclara idea del Sr. Daniel Godínez Nivón, creador de la idea de "Salón MUNAL", es, ¡cómo dudarlo!, consecuencia de su cotidiano abrevar en las aguas de Hipocrene, las cuales le provocan castálidas inundaciones y obnubilaciones de ideas fertilísimas para convocar al público que jamás se interesó por ir a un museo. Ahora a nadie se le ocurrirá esa idea retrógrada y conservadora de establecer un programa pedagógico para visitas escolares con las que se pretendía formar nuevos públicos. Todo superfluo: "Salón MUNAL" es la solución.
Así, muy estimada Sra. María Cristina García Cepeda, la exhorto para contratar al Sr. Godínez a hacer eventos en la Sala Azteca del Museo Nacional de Antropología. ¡Qué cosa más incluyente, vanguardista y propositiva podría concebirse que ver manifestándose a Terpsícore frente al Calendario Azteca y la Coatlicue? ¿Qué importa el daño a las obras si se logró una experiencia transgresora e incluyente que acerque al arte a quien nunca se interesó por él?
También podrían ponerse pistas de hielo, playas artificiales o roscas gigantes. No me cabe duda que eso acercaría, por lo menos de modo físico, nuevos públicos al arte y alejaría de nuestros horizontes cualquier apocalipsis de descerebrados zombis, que, con certeza, será próximamente entretenimiento de algún crítico literario acucioso.
Así que, estimada Sra. María Cristina García Cepeda, le debo confesar que considero un error sacar del Salón de Protocolos el "Salón MUNAL", tan reminiscente en tantos aspectos de los antros de sospechosa y no tan sospechosa reputación de los años 40. Ha cedido Ud. a criterios burgueses, clasistas, excluyentes, y, con gran probabilidad misóginos, neoliberales, capitalistas, extranjerizantes, sionistas, masones, clasistas, heteronormativos, falocentristas y elitistas (horribile dictu).
Afortunadamente, ha prevalecido el buen juicio y se ha concedido permiso a los devotos de Terpsícore acudir al patio del MUNAL. Con ello, estoy completamente seguro, la nueva directora del museo, la Sra. Sara Baz, a pesar de la exposición curada por el Sr. Abraham Villavicencio, se ha asegurado un lugar muy especial en la historia de los dirigentes culturales de México. Estoy seguro que cuando se hable de ella siempre se mencionará el "Salón MUNAL".

(Texto publicado originalmente en mi blog del Hufington Post)
http://www.huffingtonpost.com.mx/alberto-prez-amador-adam/en-defensa-de-salon-munal-carta-a-maria-cristina-garcia-ceped_a_22115713/

viernes, 16 de diciembre de 2016

¿Y si Mozart hubiera vivido 80 años?


Para mí la muerte (¿envenenamiento?) de Mozart a los 35 años es la mayor tragedia de la historia. ¿Qué hubiera pasado de no haber muerto a los 35, sino a los 80, es decir si en lugar de morir en 1791 hubiera muerto en 1836? Por supuesto que el "hubiera" no existe en historia, pero es válido especular. Por principio, con certeza hubiera aceptado la invitación hecha por el rey de Inglaterra después de escuchar "Die Zauberflöte". La invitación para ir a vivir a Londres le llegó pocos días antes de morir y contemplaba un contrato fabuloso para un compositor: se le otorgaba una espectacular pensión en precio de oro que hubiera solucionado todos sus problemas económicos. La única condición impuesta era la de vivir en Londres y componer una ópera al año. ¿Qué óperas hubiera compuesto? Probablemente hubiera seguido su colaboración con Lorenzo da Ponte, el cual también estuvo en Londres algún tiempo. Los muchos libretti que escribió Da Ponte después de la muerte de Mozart ¿hubieran sido puestos en metro músico por Mozart? A partir del fulminante éxito de "Die Zauberflöte" (1791) hubo varios intentos de diferentes poetas y compositores de escribir una segunda parte de la ópera. El libretista de "Die Zauberflöte", Emmanuel Schikaneder escribió el libreto de una segunda parte, pero también lo hizo Johann Wolfgang von Goethe (que, a la postre, se quedó en fragmento). ¿Hubiera Mozart utilizado el libreto de Goethe para una segunda parte de "Die Zauberflöte"? ¿Goethe y Mozart unidos en una ópera? En las "Conversaciones con Eckermann", Goethe habla de que sólo Mozart le hubiera podido poner música al "Fausto". Si Mozart hubiera vivido 80 años, ¿hubiera escrito un "Fausto"? Retomando el inmenso éxito de "Le nozze di Figaro" ¿hubiera escrito una ópera basada en la primera parte de esa comedia de Beaumarchais, es decir "El barbero de Sevilla"? ¿Se habría atrevido Rossini a escribir su "El barbero de Sevilla" de 1816 si Mozart hubiera escrito el suyo? Y si pensamos que Rossini escribió su última ópera en 1829 ("Guillermo Tell") y especulamos que Mozart hubiera vivido hasta 1836, es decir 7 años antes del estreno de "Der fliegende Holländer" de Wagner, ¿alguien se acordaría hoy de las docenas de óperas obsoletas de los belcantistas italianos como Rossini, Donizetti y Bellini? ¿A qué situaciones hubiera llevado Mozart la orquesta en la ópera considerando las revoluciones armónicas logradas por Beethoven en su op. 110 y 111, además de los alcances orquestales de sus últimas 5 sinfonías? O, más bien, ¿cómo habría sido la obra de Beethoven de haber vivido más tiempo Mozart? ¿Cuál hubiera sido la reacción de Mozart al ver desplomarse su mundo con la decapitación de María Antonieta, y surgir otro mundo con la coronación de Napoleón, el Congreso de Viena, el desastre del reinado de Carlos X y la revolución de Julio de 1830? ¿Cuál hubiera sido su reacción ante la dramaturgia y filosofía estética de Schiller, ante las primeras traducciones de obras de Calderón de la Barca realizadas por Schlegel en 1803, ante el "Don Quijote" traducido por Ludwig Tieck (1799-1801), ante "El mundo como voluntad y representación" de Schopenhauer, ante la pintura de Caspar David Friedrich, ante el "Freischütz" de Weber, el "Faust II" de Goethe, el "Cromwell" de Victor Hugo, las novelas de Walter Scott y, ante todo, la poesía de Heine y de Byron? Es claro que después de entrar en contacto con los masones su música adquirió una seriedad y profundidad desconocida en su música anterior. ¿Qué hubiera pasado de haber entrado en contacto con los Illuminati (nada que ver con las taradeces de Dan Brown)? Los Illuminati austriacos tuvieron una enorme influencia entre las mentes más esclarecidas de inicios del siglo XIX, como Goethe y otros ¿Qué hubiera pasado con su concepción del mundo y el arte al entrar en contacto con los masones de Londres? ¿Cómo hubiera evolucionado su música después de las últimas 3 sinfonías, los cuartetos prusianos, el quinteto para cuerdas (KV 614), la música para las ceremonias masónicas y, ante todo, el concierto para clarinete? Lamentablemente no vivió hasta 1836. La historia de la humanidad hubiera sido diferente.... y, con toda la música que hubiera podido componer, para nosotros vivir hubiera sido más soportable.

miércoles, 24 de agosto de 2016

De la búsqueda del éxito fácil está empedrado el camino al infierno de la mediocridad artística: Marea Roja de Alejandro Román Bahena (libreto) y Diana Syrse (música)

Marea Roja, ópera en un acto de Alejandro Román Bahena (libreto) y Diana Syrse (música). Estreno: 20 y 21 de agosto de 2016 en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes, Ciudad de México.


La presentación de una ópera mexicana, y más cuando se trata de un estreno absoluto, debería ser motivo de salutación. En esta ocasión se presentó “un algo” que se vendió al público como ópera, producto de Alejandro Román Bahena, que se proclama libretista, y con música de Diana Syrse, la cual presentó algo como música que no pasaría ni como elementales ejercicios de armonía de la clase de primer año de composición de un conservatorio de provincia en una república bananera.
     
¿La trama? Bueno, quien vea la obra nunca la descubrirá. Pero como tantas veces sucede en el “arte” contemporáneo, sea plástica, música o aun cine, existe la posibilidad de explicar en un impreso lo que se pretendía hacer, pero que el autor no logró realizar. En el programa Alejandro Román Bahena, el autor del libreto, dice textualmente: 
Marea Roja narra tres casos reales sobre las desapariciones y los feminicidios en México. La historia está centrada en tres distintas geografías: Veracruz, Michoacán y Guerrero. […]. 
No es necesario seguir citando esta “explicación” de lo que la obra en sí no logra explicar para saber que lo que el libretista Román Bahena y la compositora Syrse intentaron fue hacer una denuncia social y, parapetándose tras esa prostituta que sirve para todo llamada “libertad creativa”, presentaron un panfleto. Al respecto vale la pena citar un fragmento de un ensayo de Jorge Cuesta [Obras, 2 tomos. México: El Equilibrista 1994: 9-10] cuando analiza una composición de Carlos Chávez:

[…] la doctrina de Chávez se funda en que la música y el arte deben estar, y necesariamente están, al servicio de una tesis. Si se acepta esta base, sólo hay un método para criticar la música así concebida: juzgar, primero el valor de la tesis y, después el valor del servicio que la música presta a la tesis. Pero la consecuencia es obvia, si la tesis es valiosa por sí misma, es improbable que necesite el auxilio de la música para valer; y si la tesis no vale por ella misma, es improbable que la música la haga valer con un valor que la música se empeña en encontrar en la tesis […] Cuando concibe el arte como propaganda, su verdadera idea es hacer la propaganda de un arte que sólo artificial y violentamente puede propagarse. En fin, su doctrina es una disimulada trampa; ya que, manifestando llevarnos, mediante su música, a su tesis, en realidad pretende llevarnos, por su tesis, a una música que espontáneamente no se se distingue sino por su irresponsabilidad musical.

¿Qué significa esto para el caso particular de lo presentado por Román Bahena y Syrse? Existen determinados temas que funcionan como epistemes de un discurso aceptado como “políticamente correcto”, y los cuales, si se tratan imponen su aceptación independientemente de la forma en que se traten. Es decir: puedo hacer el bodrio que sea, pero nadie se atreverá a criticarlo por que se confunde el bodrio con el respetado episteme del discurso, imponiéndose a la aceptación y opinión del incauto temeroso de contradecir los parámetros de lo políticamente correcto. Es decir, para llamar al pan pan y al vino vino: los autores se fueron por la vía fácil para tratar de tener éxito subiéndose al tren del lugar común de lo políticamente correcto. El resultado es una obra que, si nos queremos poner muy condescendientes y generosos, se clasificaría en un chato ejemplo de neo-realismo-socialista tanto desde el punto de vista de ese rotundo fracaso que es el texto de Román Bahena, completo ignorante de lo que es la dramaturgia de un libreto de ópera, como también de esa melcocha cursi que es la música de Diana Syrse, que no sale del lugar común y previsible, música que está en la línea de los abortos del realismo-socialista musical de Mikos Theodorakis y Ariel Ramírez, y sólo sonó interesante armónicamente cuando las mediocrísimas cantantes del grupo “Túumben Pax” se equivocaban: no les alcanzaba la voz para llenar el teatro y les pusieron micrófono
     
¿Cómo está estructurado dramatúrgicamente eso que Román Bahena vende como libreto? La verdad: pues no existe dramaturgia. Lo que se presenta como libreto de una ópera es una serie de textos supuestamente poéticos, pero que en realidad son de la más chabacana cursilada siguiendo los modelos de eso apodado poesía de compromiso social con todos sus correspondientes recursos y lugares comunes. Ello significa que todo el libreto se estructura en la denuncia de los sufrimientos de seres desvalidos provocados por las fuerzas reaccionarias de un Estado supuestamente represor. Para ello, siguiendo la cómoda tradición de los bodrios llamados “poesía socialmente comprometida” se utilizan versos libres y muchas anáforas sin siquiera utilizar, por obvio desconocimiento, elementos como la parameosis, el homeoteleuton y el homeoptoton. ¿Sabrá Román Bahena que para resolver el problema del ritmo musical y apoyar al compositor en la puesta en metro músico de un texto con fines de crear una ópera las soluciones más eficaces encontradas por los libretistas, después de 400 años de historia de la ópera, son esos y otros elementos retóricos? Bueno, llamemos a eso “versos” cuando no hay por parte de su autor, Román Bahena, ninguna consideración de algún acento y sólo ridículas metáforas como “La bala enamorada de su cuerpo”, que haría ruborizarse de vergüenza a un adolescente en un taller pueblerino de escritura de poemitas. 
     
La estructura dramatúrgica (por amabilidad califiquemos de dramaturgia ese fracaso intelectual) se reduce a una construcción elemental: un segmento introductorio (que no introduce dramatúrgicamente nada) seguido de tres segmentos dedicados a denunciar con metáforas por demás obvias la muerte violenta de tres mujeres y un segmento final. Como se observa la estructura no puede ser más simple. Pero no sólo esta estructura general es elemental. Cada uno de los tres segmentos centrales, los dedicados a denunciar la muerte violenta de una mujer, se estructura de modo similarmente pobre: una narración de los acontecimientos (en los primeros dos segmentos declamada, en el tercero cantada) interrumpida por fragmentos supuestamente poéticos, pero que en realidad son de una chabacanería y acumulación de cursiladas exasperante con la intención de oprimir las buenas conciencias políticamente activas y participativas del discurso políticamente correcto. De tal suerte, ese supuesto libreto no ofrece ninguna situación dramática. Y, por favor, que el “dramaturgo” Alejandro Román Bahena no nos venga con que su ignorancia es en realidad una incomprendida nueva dramaturgia operística. Ya algo similar –la disolución de estructuras narrativas en la construcción de una ópera- había sido propuesto y realizado por Luigi Nono o Mauricio Kagel para sus respectivas óperas hace más de medio siglo. Pero la distancia entre los libretos de Nono y Kagel al presentado por Román Bahena resulta infinita (y, ya no se hable de la distancia entre la música de Nono y Syrse, que resulta ser una distancia galáctica): no es lo mismo la radicalidad libretística de la proposición de Juri Petrowitsch Ljubimow para la ópera Al gran sole carico d´amore después de los libretos de Hugo von Hofmansthal, Ingeborg Bachman, W. H. Auden y Chester Kallman que la incapacidad y refrito libretístico propuesto por Román Bahena en Marea Roja después de la radicalidad del libreto de Einstein on the beach de Robert Wilson. La realidad: la cursilada presentada por Román Bahena es una muestra de una total ignorancia de las más elementales reglas y tradición dramatúrgica operística. 
     
Entiéndalo, señor Román Bahena (y todos los dramaturgos y cineastas que sin saber de ópera se meten a escribir ópera): una ópera no es simplemente teatro cantado, sino para que un texto funcione como libreto de ópera tiene que responder a determinados epistemes que se han cristalizado a lo largo de una historia de la ópera de cuatrocientos años desde las disputas de los téoricos venecianos hasta los estudios libretísticos correspondientes de Gier. 
    
Queda claro que Román Bahena ignora todo eso y se avienta a escribir algo que trata de vender como libreto de ópera sin tener los más elementales conocimientos del tema.
     
Pero lo trágico es que el catastrófico resultado del engaño y simulación realizado por Román Bahena no puede ser subsanado por la música de Diana Syrse. ¿Es Diana Syrse una compositora de ópera? No conozco sus obras escénicas anteriores y nadie sabe cómo evolucionará, pero lo que sí se puede decir con certeza a partir de la audición de Marea Roja es que, indudablemente, Diana Syrse está desperdiciando su talento para escribir musicales o danzones.
     
Pero no obstante hay que hacer una aclaración. Si bien una gran cantidad de los recursos utilizados por Syrse no rebasan el nivel del musical, no es posible, por la música de Marea roja saber si Diana Syrse puede escribir música para teatro. El texto de Román Bahena no tiene nada que lejanamente sea próximo a un texto escénico: podría venderse como un ciclo de canciones con base en poemitas kitsch. Consecuentmente no se puede saber por la música de esta “ópera” si Syrse es capaz de resolver el muy complicado tema de escribir música escénicamente eficaz. Lo que si es seguro es que Syrse, con esta ópera, no estará en el grupo de compositores que en sus correspondientes empeños por escribir ópera entregaron música de un altísimo nivel, aunque no funcionara escénicamente (piénsese en Schumann o en México Lavista): su música es plana, elemental, dulzona, cursi y mal hecha. No obstante, ninguna de estas características de la música de Syrse se opone a la eficacia escénica de la música. Pero, además de presentar una música plana, elemental, dulzona, cursi y mal hecha, la música de Syrse desconoce el episteme central de toda música escénicamente efectiva. Obviamente me refiero al episteme de la conjunción de afectos opuestos. Se podrá argumentar que la ignorancia de lo que es una ópera por parte de Román Bahena es tan grande que no desarrolló tal episteme en su texto para apoyar a su compositora, pero la historia de la ópera y en especial la del siglo XX nos demuestra que es posible sostener una dramaturgia sólo por la música. 

jueves, 8 de enero de 2015

DURANTE EL VELORIO DE JOSÉ EMILIO PACHECO (28.01.2014)





Una dándole la cordial bienvenida a la otra al club del protagonismo por méritos de terceros: no disimulan el regocijo por heredar los derechos de autor, aunque el muerto del día, que está atrás en la caja, aun no se enfriaba. En la foto sólo faltó la viuda negra mayor de la literatura mexicana, la cual debió haber sido quemada con el muerto siguiendo el interés que tenía el marido por la cultura de la India..........

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Como ser poeta socialmente comprometido y no sucumbir a la mercadotecnia del neoliberalismo.

Como ser poeta socialmente comprometido y no sucumbir a la mercadotecnia del neoliberalismo.




A partir del inmenso éxito y respeto de la exigente y conocedora comunidad intelectual mexicana que ha ganado Sandino Bucio por sus profundìsimos poemas, lo cual, lo reconozco, me ha corroído de envidia, he decidido también dedicarme a ser un poeta e intelectual comprometido con causas sociales. Para ello he reflexionado largo y tendido sobre el quehacer poético de un intelectual comprometido socialmente y he llegado a la conclusión de que sería un enorme egoísmo, característica de la ahora por mi odiada burguesía letrada, no compartir con mi pùblico lector los secretos de cómo escribir un poema profundamente inspirado en las causas sociales. De tal suerte, explicaré, paso a paso, como escribir un poema socialmente comprometido.

     Antes que nada debe uno estar muy consciente que un empeño de tal naturaleza no es una cosa baladí: son necesarios profundos conocimientos de la tradición poética de occidente. Pero, la verdad es que, si uno realmente es un intelectual comprometido socialmente, no le queda uno mucho tiempo para estudiar la tradición poética de Occidente por tener que: 1, ver devotamente a Carmen Aristegui para estar informado objetivamente de las opiniones de la mejor reportera de México; 2, leer diariamente “La Jornada”; 3, estudiar con detenimiento las profundìsimas reflexiones políticas de John Ackerman; 4. leer novelas de Taibo y Poniatowska; 5. participar en y organizar el Comité de Huelga en curso (y si no organizar una huelga); 6, comprar camisetas con la imagen del Che y pedirle a la abuelita que ya no le teja otra bufanda para navidad, sino un pasamontañas, 7. aprender a diferenciar al enemigo que, obviamente, es de una ideología conservadora, reaccionaria, capitalista, patriarcal, falocentrista y neoliberal; y 7. reunirse en el Starbucks con otros compas revolucionarios a discutir sobre los problemas políticos del mundo, y la infiltración de las mafias de poder capitalista, pero cuidando que la baguette que se coma uno sea de mozarella sin jamón, porque eso de comer carne (por lo menos en público) delata una falta de conciencia ecológica y, consecuentemente, capitalista y reaccionaria.
   
     Todo esto, obviamente, le deja a uno muy poco tiempo para el estudio. Pero eso no importa: en la UNAM se puede uno quedar el tiempo que uno quiera. Además de que si uno tiene la poca conciencia social de terminar una carrera y dejar de ocupar una plaza subsidiada por el gobierno en la UNAM se corre el peligro de que tal plaza sea ocupada por alguno de esos asquerosos capitalistas reaccionarios que solo tienen en mente terminar la licenciatura para integrarse al mercado laboral de un sistema económico de explotación. Y eso se debe evitar a toda costa si uno tiene conciencia de los problemas sociales que aquejan al país.

     De tal suerte, pues, queda poco tiempo para estar leyendo poesía, teoría de la poesía y conocer la tradición cultural de Occidente. Y, aquí hay que hacer una aclaración: la tradición cultural de Occidente es algo extranjerizante ajeno a nuestras profundas raíces autóctonas. Por ello hay que sospecher de todo ello. Siempre es bueno sospechar de algo. Para salvar el problema al respecto de la falta de conocimiento de la tradición cultural de Occidente, lo mejor es seguir la intuición poética. Cualquier poeta y artista comprometido socialmente con la lucha revolucionaria sabe que ello resulta ser mucho más importante que esa cuestión decadente y burguesa del estudio. Así que, permítaseme revelar, socialmente comprometido, los secretos para llegar a ser un gran poeta social.

    Antes que nada le debe quedar a uno claro que el único tema que puede tratar un poeta socialmente comprometido es el de la denuncia social. Pero el campo  que ofrece esto es enorme. Tan sólo hay que esforzarse un poco. Veamos. Necesitamos denunciar 1. los sufrimientos de un ser desvalido;  2. los embates que sufre como consecuencia de las fuerzas reaccionarias de la sociedad de consumo; 3. y utilizar alguna cuestión existencialista. Esto siempre le da gran profundidad filosófica al texto. Así, se podrá utilizar como víctima existencialista de los embates de las fuerzas reaccionarias de la extrema derecha capitalista, por ejemplo: la solitaria intestinal. Eso es un excelente motivo. Y, además, su nombre ya conlleva una carga poética existencialista que no necesita mayor explicación.

     Ahora se deberá decidir que forma poética se utilizará. Es claro que eso de los sonetos, los romances o las canciones a la italiana no deben ser utilizados. Son formas representativas de las sociedades decadentes. Además, impondría el conocimiento, obviamente obsoleto, de las reglas de versificación y, aun peor, en el caso de los sonetos endecasílabos, se tendría uno que ocupar previamente con cuestiones propias de la burguesía como lo es el aprender a contar hasta 11. Todo eso, queda clarísimo, son resabios de la sociedad de consumo individualista que procura la alienación del individuo.

     Es obvio que lo mejor para un poeta socialmente comprometido es la oda de verso libre: no se tiene que contar ni sílabas, no se tiene que rimar, ni tampoco se necesita conocer de estrofas. Lo único que se necesita ante todo es repetir y repetir y repetir palabras o frases en cada verso para lograr un ritmo.

     Si además se considera que toda poesía realmente comprometida socialmente solo se escribe como odas en versos libres, como lo demuestra el tal Neruda o el tal Ernesto Cardenal y, aun, la muy inspirada Gioconda Belli, por no mencionar al grandísimo Sandino Bucio, entonces, se reconoce que los problemas formales quedan resueltos.

     Así, hemos establecido un tema de profundidad social y existencial (la solitaria intestinal), un tema de denuncia del mundo neoliberal (la sociedad de consumo) y la forma (oda de verso libre). Ahora, empecemos con la redacción.

     Siempre es importante para el poeta social considerar que el lector tome conciencia de que atrás de la maravilla cuya lectura inicia se encuentra una mente aguda comprometida con las causas de los más vulnerados en el neoliberalismo. Entonces, obviamente, es importante que el poeta social se mencione a sí mismo. Queda claro que el poema socialmente comprometido iniciará con un rotundo “Yo”. Y dado que ya habíamos establecido el tema (las solitarias intestinales), podemos componer inspiradamente el primer verso: “Yo canto a todas aquellas solitarias”. El resultado, nadie lo puede negar, es simplemente brillante y de honda resonancia poética. Pero ahora se impone el problema de cómo aprovechar las consecuencias de ese inicial apasionado beso que nos ha dado la musa. Para ello, inevitablemente, utilícese una anáfora. Eso le dará un ritmo poético muy sentido, además de que no cuesta mucho trabajo. Pero cuidado: para completar los siguientes versos se necesita introducir sentimientos profundos que muevan a la concurrencia y, además alguna osadía poética para que los críticos se den cuenta que uno no es sólo un vándalo que destruye monumentos, sino un digno hijo de Calíope, Erato y  Polimnia. De tal suerte escribiremos  un verso con profundas resonancias emocionales (“solitaria de amor “) seguido de un verso existencialistas y comprometido socialmente (“solitaria de solidaridad”) y un verso con una osada metáfora que dará pie para que alguien escriba una brillante tesis explicando las obscuridades simbólicas de su contenido (“solitaria en el intestino grueso”)

     Con ello ya tenemos, lo que se llama un exordio y hemos cumplido con los más altos rigores poetológicos de la tradición occidental, pudiendo, el autor de la tesis y de la edición crítica y comentada de las obras del poeta escribir una larga explicación donde indique que el poeta social en cuestión no sólo conoce la tradición poética moderna de Neruda, Cardenal, y, obviamente Sandino Bucio, sino que su amplio saber se remonta hasta los romanos  o hasta los griegos. Resulta muy bueno que el tesista coloque al poeta estudiado en cuestión en una tradición clásica de Virgilio u Homero, pero aun resulta mejor que lo coloquen en la tradición griega citando algún fragmento de Safó o  Anacreonte. Dado que el tesista también quiere parecer inteligente seguramente lo hará. Entonces, el poeta socialmente comprometido puede tener la certeza que, gracias a esa erudita tesis, se le considere “poeta doctissimo”.

     Habiendo compuesto, cual rápsoda inspirado, los versos introductorios de su oda, se deberá tener cuidado. Es un momento delicado en el quehacer de todo poeta socialmente comprometido, pues si sólamente se le relaciona con los autores clásicos se corre el peligro de ser etiquetado como un poeta esteticista próximo a tendencias decadentes como la poesía pura. Por ello resulta imperativo que el siguiente verso contenga una clara o rotunda denuncia social de las estructuras de producción económicas neoliberales. El caso es delicado y difícil, pero no insuperable para el verdadero poeta comprometido revolucionariamente. La razòn, con toda su carga y profundidad, impone el siguiente verso: “muriendo por efectos de un medicamento imperialista”. ¡Listo! Se ha hecho la denuncia de todo la industria farmaceútica obsoleta que, obviamente, no sirve para un carajo mas que para enriquecer a cochinos burgueses reaccionarios y obsoletos por la simple razón de que el gobierno paternalista le debe dar a uno todas los medicamentos gratis. El poeta revolucionario ha hecho la denuncia social. Pero ahora importa describir los sufrimientos del minúsvalido ser que es objeto de la defensa poética que se está realizando. Para ello se servirá de la descripción de los pesares de la víctima: “Aquellas obligadas a esconder su gracia en la obscuridad”, resulta un verso excelente en el que se conjuga la revelación de las características de la víctima del imperialismo económico de la industria farmaceútica aunado a un sentimiento de desasosiego que moverá al lector. Y aquí conviene retomar otros aspectos de la denuncia social para que no lo vayan a confundir, nuevamente, con un poeta esteticista. Para ello se pueden utilizar palabras relacionadas con pobreza, frío, explotación o hambre. ¡Hambre! si esa es la palabra idónea. Y ya tenemos el siguiente verso: “de un intestino hambriento”. Y dado que ya se ha logrado el tono políticamente correcto vale seguir en este tenor de denuncia, pero condimentado y aderezado con otra osada y profunda metáfora. El resultado: “y que sufren las mentiras y el rencor de la comida chatarra”. ¡Genial!, ¡simplemente genial! Pero, el poeta socialmente comprometido no puede ahora dormirse en sus laurels. Ahora necesitamos un verso que concluya el siguiente periodo del poema rematando con un tono ligeramente crítico que provoque desasosiego en el lector. Pero, por supuesto que, para lograr un efecto profundamente poético se debe utilizar alguna figura retórica. ¿Una epanalepsis? ¿una parameosis? No. En este momento el poeta socialmente comprometido con la denuncia de los mecanismos de opresión del neoliberalismo no puede perder el hilo de la inspiración buscando en un diccionario que significa todo esto y recurre a una simple y efectiva metáfora: “que deja hambrienta la esperanza”.  ¡Perfecto!

     Ahora se inicia un nuevo periodo y es muy importante no olvidar algunas citas que remitan a la pasión de Cristo. Esto lo hace todo poeta comprometido socialmente desde Walt Whitman, César Vallejo, Rafael Alberti, Pablo Neruda hasta Ernesto Cardenal. La ventaja de ello es que hasta el más estúpido puede identificar tal vocabulario y, además, hasta el más estúpido poeta socialmente comprometido sabe que la mayoría de los lectores socialmente comprometidos lo único que conocen son algunas superficialidades de la Biblia porque su abuelita los llevó de niños el domingo a escuchar misa. Asì que utilizar alguna cita de la pasión de Cristo funciona muy bien porque los lectores revolucionarios comprometidos socialmente no necesitan hacer un gran esfuerzo de interpretación poetológica y aplaudirán a rabiar esos versos. Finalmente, el poeta socialmente comprometido puede explicar, cuando lo entreviste Carmen Aristegui que ha utilizado tales metáforas religiosas no porque acepta la religión (todo buen poeta socialmente comprometido sabe que es el opio del pueblo), sino que ha utilizado esas metáforas religiosas porque Cristo, queda clarísimo, fue el primer comunista marxista leninista bolivariano  interesado en propagar el rencor de clase al anunciar que antes pasaría un camello por el ojo de una aguja que un rico entrase al reino de los cielos. Seguramente Carmen Aristegui, al oír esto doblará sus manos y alzará emocionada, como acostumbra, las cejas. Claro que esto es consecuencia de que ignora que eso del camello es un error de traducción que se ha perpetuado en la cultura occidental. Pero eso no le importará: creerá que, a pesar de sus millones acumulados, ella, junto con todos sus asiduos televidentes babeantes, entrará al reino de los cielos antes que Carlos Slim. Asì el sentido y profundo poeta creará todo un grupo de versos en los que utilice metáforas religiosas, igual que Whitman, Vallejo, Neruda y, hasta Ernesto Cardenal, a los cuales, obviamente supera en la profundidad de su compromiso social. Pero estas metáforas religiosas se deben utilizar con cuidado: nunca se debe olvidar el objeto de denucia social. Asì, la musa le susurrará a su delicado oído un verso como “Esas que llevan la cruz de solo recibir los residuos del neoliberalismo”. Pero aquí el poeta socialmente comprometido deberá tener cuidado de escuchar con atención el susurro de la musa proletaria y no dejarse seducir por el canto de las sirenas esteticistas. Para ello resulta muy recomendable nuevamente utilizar anáforas aunque resulten machaconas y tan fáciles de entender que hasta permiten la memorización. De tal suerte repítase una y otra vez la palabra inicial del inspirado verso. Por supuesto que no se debe olvidar usar de vez en cuando aquello que el teórico Hugo Friedrich llamó “categoría negativa” y que da por resultado osadas metáforas. Así, utilizando la anáfora y la metáfora religiosa aunado a una metáfora osada y una categoría negativa  y la conciencia existencialista resultará un verso como “esas que llevan la laxante penitencia del rechazo”. El resultado es magistral y el poeta socialmente comprometido deberá continuar en este tenor, pero subrayando la cuestión religiosa que entiende su auditorio revolucionario, porque, como dije, sus abuelitas los llevaron a oír misa los domingos. Te tal suerte resultan versos como : “esas que resucitan triunfantes al tercer día”. Este verso, nadie tendrá duda, resulta originalísimo y, además, el autor prepara ya los motivos del triunfo de la revolución social que desarrollará en versos posteriores. Pero, en este momento es muy importante retomar, de nueva cuenta, la denuncia a las estructuras económicas neoliberales capitalistas. Por supuesto que además es muy conveniente aunar esto a una denuncia xenófoba. Esto siempre le gusta al lector socialmente comprometido con la nación. De tal suerte podríamos crear un verso como “demostrando la falacia de los laboratorios extranjeros”. Y aquí se puede introducir otro motivo de denuncia social mostrando la decadencia de las costumbres burguesas. De ello resulta, ¡oh, inspiración creadora!, varios versos: “esas aborrecidas por los hombres / elegantes y decadentes, / que aun acostumbran las lisonjas engañosas”. El conjunto de versos, que realmente moverán los ánimos de rencor social del lector resultan todo un éxito. Ahora, viene algo dificil, pues se deberá encontrar alguna revolucionaria y obscura metáfora que le conceda singular profundidad al conjunto. La musa parece alejarse en este momento, pero la experiencia poética del autor salva tal orfandad de los nùmenes poéticos con un incisivo, lascerante, y, ante todo sorpresivo verso transgresor como “de un papel de baño pusilánime”. El poeta ha logrado sorprender al lector y a su audiencia, pero no debe quedar satisfecho con ello. Debe imaginarse a una audiencia que lo escuchará atentamente en la presentación de su opus magnum revolucionario, y, consecuentemente, no debe relajar la tensión poética y la denuncia social. La situación le dicta la continuación “más higiénico que resistente a los embates”. ¡Bravo! El verso cifra resonancias de la lucha social. La inspiración de todo el Parnaso ha vuelto y ya no le susurra, sino lo anega en las cristalinas aguas del fervor poético al dictarle un verso osado: “de las consecuencias de su gula”. Pero ¡alto! Todo poeta social no debe dejarse arrebatar por engañosos recursos. Es hora de realizar nuevas tentativas de transgresión de los cànones poetológicos. El resultado: “esas expulsadas con laxantes impertérritos / de las formas dolorosas de la represión del estreñimiento”.

     Habiendo llegado a este punto, el poeta deberá recuperar el motivo principal, la denuncia de la soledad, y las angustias existenciales. Utilizará repeticiones hasta desembocar en la cita de flores. Hablar de flores siempre es bueno para un poeta socialmente comprometido. Sus lectores recordarán fotografías de mujeres entregando flores a soldados y, consecuentemente sabrán interpretar los inspirados versos como un llamado a la paz. Ahora, después de varias citas de flores, el poeta debe hacer una que otra metáfora relacionada con el amor, la lucha social y los trabajadores. Es conveniente que el poeta socialmente comprometido, en la parte final de su oda, conjure la solidaridad de aquellos seres igualmente sojuzgados por el imperialismo neoliberal, en este caso de los laboratorios, como sería el caso de la salmonela, los áscaris y los oxiuros. para, finalmente, concluir su oda a la solitaria intestinal con una declaratoria de esperanza triunfal que llenará de regocijo al lector revolucionario. De tal suerte, el poeta tendrá una obra maestra de poesía socialmente comprometida y ya sólo tendrá que ir a destrozar bienes ajenos para ser entrevistado por Carmen Aristegui y cosechar los altos lauros que su sentida inspiración merece leyendo su poema ante las masas socialmente comprometidas:



Oda a la solitaria

Yo canto a todas aquellas solitarias
solitarias de amor
solitarias de solidaridad
solitarias en el intestino grueso
muriendo por efectos de un medicamento imperialista
aquellas obligadas a esconder su gracia en la obscuridad
de un intestino hambriento
y que sufren las mentiras y el rencor de la comida chatarra
que deja hambrienta la esperanza
esas que llevan la cruz de solo recibir los residuos del neoliberalismo
esas que llevan la laxante penitencia del rechazo
esas que resucitan triunfantes al tercer dìa
demostrando la falacia de los laboratorios extranjeros
esas aborecidas por los hombres
elegantes y decadentes
que aun acostumbran las lisonjas engañosas
de un papel de baño pusilánime
màs higiénico que resistente a los embates
de las consecuencias de su gula
esas expulsadas con laxantes impertèrritos
en las formas dolorosas de la represión del estreñimiento
¡Oh, solitaria!
tú, la hambrienta
tù , la rechazada
tù, la negada
como una rosa sola
como un clavel de esperanza
como una margarita blanca
como un clavel rojo
rojo como la lucha por la dignidad del trabajador
de llegar a tiempo al retrete
rojo como la pujanza por el esfuerzo
de ver, al final,
laja estreñida
tirada en un charco de repulsiòn
el valor de la verdad de una comida
no ganada con el sudor del trabajo honrado
rojo como la sangre inocente que escurre
de heridas intestinales
que corre cual imagen del amor rechazado
en cavernas rectales
Pero no desfallezcas en la lucha
¡oh, solitaria solitaria!
pues aun existe la esperanza
pues aun habrá un amanecer
en que se unan a la lucha la salmonela de pasos ligeros
en que se unan a la lucha las lombrices solidarias con tu soledad
en el escorzor último del recto
¡oh, solitaria solitaria!
no desfallezcas
pues aun habrá un amanecer
en que se unan a la lucha los àscaris limbricoides
incòlumnes y de transparentes intenciones
¡oh, solitaria solitaria!
recuerda que llegarà la evacuaciòn
en que se unan a la lucha las lamblias
de abrazos tiernos y protectores
en que se unan a la lucha los oxiuros
invencibles en sus determinaciones
de prurito revolucionario
¡No desfallezcas, compañera, no desfallezcas,
pues siempre habrá otra infecciòn intestinal
en la que vencerá tu lucha!

lunes, 8 de septiembre de 2014

COSAS QUE SUCEDEN EN LA OPERA

1. Rachel en La Judía de Halévy muere hervida en un caldero.
 
2. En Maria de Rudenz de Donizetti, Corrado acuchilla a María y todos la dan por muerta. Reaparece herida en la ultima escena durante el matrimonio de Corrado con su prima, Matilde. María asesina a Matilde y se pone su vestido de novia. Se aparece frente a Corrado, lo maldice y muere finalmente desangrada por las heridas.
 
3. En La Wally de Catalani, la protagonista se suicida arrojándose a una avalancha en los Alpes.
 
4. Fiora en L'amore dei Tre Re de Montemezzi muere estrangulada por Archibaldo, su suegro, que descubrió su infidelidad. Para descubrir al amante, Archibaldo pone veneno en los labios del cadáver: tanto el marido como el amante besan el cadáver, muriendo ambos.
 
5. En Iris de Mascagni, el padre le lanza barro en la cara al descubrir que se convirtió en geisha. Iris corre con la cara llena de barro y cae por un barranco. Muere después de agonizar durante todo el acto final.
 
6. En Adriana Lecouvreur de Cilea, la rival le manda a la protagonista un ramo de violetas envenenadas. La protagonista aspira el perfume, enloquece, pero antes de morir recupera la razón, exclama 'Ecco la luce " ("Aquí está la luz" [!?]), y muere.
 
7 En La muette de Portici de Auber, el protagonista, mortalmente enfermo y delirando acepta encabezar la revuelta. Estalla el Vesuvio. El protagonista muere. La protagonista se arroja al Vesuvio. (La protagonista de la ópera es muda.)
 
8. En La africana de Meyerbeer, para ver la partida de la nave en que va su amado, la protagonista se acuesta bajo un extraño árbol de flores envenenadas. La protagonista alucina y muere.
 
9. En El Profeta de Meyerbeer, la protagonista pretende incendiar el palacio. Cuando se da cuenta que su amado es el que se proclamó profeta (no era de MORENA), ella se suicida. El profeta provoca una explosión y los personajes principales que para este momento aun vivían mueren bajo los escombros.
 
10. En El vampiro de Marschner, Aubry revela en la boda de Lord Ruthven y Malwina, que Ruthven es un vampiro. Cae un rayo que mata a Ruthven. Las cenizas de Ruthven, prometido de Malwina aun están humeando cuando ella acepta casarse, inmediatamente, con Aubry.
 
11. En Don Giovanni de Mozart, aparece un estatua en una cena, se incendia el escenario con fuegos infernales. Se escuchan voces demoníacas. Se abre el suelo y el protagonista es tragado. El sirviente del protagonista, que vio todo eso, decide irse inmediatamente a la siguiente hostería a buscar un nuevo trabajo.
 
12: En Iolantha de Tschaikowsky, la protagonista es ciega de nacimiento. Un médico árabe le hace una operación profunda de ambos ojos que dura lo que dura un coro de afligidas mujeres. 4 minutos después la protagonista puede ver.
 
13. En Don Carlos de Verdi, el protagonista se resiste a ser arrestado por la Inquisición. Se abre un mausoleo, sale un monje que agarra al protagonista, lo mete al mausoleo cuyas puertas se cierran. Cae el telón.
 
14. En El anillo del nibelungo de Wagner, Alberich le roba el oro a unas ociosas y hace un anillo. Wotan le roba a Alberich el anillo. Erda le dice a Wotan que se deshaga del anillo porque le sucederá una desgracia. Wotan le da el anillo a un gigante. El hermano del gigante le da un puñetazo que lo mata (a eso se le llama fratricidio y no es particularmente correcto). El hermano del gigante le quita al gigante muerto el anillo, sale corriendo y se convierte en dragón (es decir una lagartija gigante). Wotan quiere saber en que consiste la desgracia anunciada por Erda. Wotan la visita. Ella no le suelta la sopa hasta que él la embaraza 8 veces. (!!!) Todas le resultan mujeres. Las 8 hijas dan de gritos. Wotan, además, embaraza a otra con la que tiene gemelos. A diferencia de sus 8 medio hermanas que dan de gritos, los gemelos si cantan. Especialmente él. Los gemelos cometen incesto. Wotan ordena a una de las ocho hijas (que también grita) que mate al incestuoso (que canta). La hija (que también grita), es medio hermana de los incestuosos (que cantan) y salva a la incestuosa (que no canta tanto como su hermano gemelo muerto por una de las hijas que grita). La incestuosa (que canta) tiene un hijo. El hijo de los incestuosos es educado por un enano. El hijo de los incestuosos mata al enano. Luego de matar al enano que lo educó, el hijo de los incestuosos habla con pajaritos. Luego de hablar con pajaritos, el hijo de los incestuosos mata un dragón. Luego de matar al dragón el hijo de los incestuosos le roba el anillo. Luego de robar el anillo, el hijo de los incestuosos se pone a insultar a un anciano (que es su abuelo). Después de insultar al anciano (que es su abuelo), el hijo de los incestuosos encuentra a su media tía (la que también grita). El hijo de los incestuosos se acuesta con su media tía (lo cual también es incesto) y le regala el anillo a la media tía (que es una de las 8 hijas que gritan). El hijo de los incestuosos se va y se emborracha con un amigote. Regresa disfrazado y viola a su media tía (lo que otra vez es incesto). La media tía no reconoce que es su medio sobrino con el que se acostó dos horas antes (¡qué poco la impresionó!). Cuando se da cuenta que el disfrazado es su medio sobrino se pone a gritar en serio y lo manda matar. El cadáver del medio sobrino incestuoso violador alza la mano cuando pasa el asesino frente a él. La media tía le quita el anillo al cadáver del medio sobrino violador, hijo de los incestuosos que son sus medio hermanos, y se inmola en una pira junto con el cadáver del medio sobrino con el que tuvo relaciones sexuales una vez por ganas y otra vez por violación. El asesino trata de sacar el anillo de entre las cenizas, pero las ociosas del inicio lo arrastran al fondo del río. Las ociosas nuevamente tienen el anillo. Final de la ópera.

jueves, 17 de abril de 2014

ORQUESTA SINFÓNICA DE MINERÍA: 35 años




El mayor problema de la cultura en México es su falta de memoria. Esto ha tenido como consecuencia tanto la inmensa destrucción del patrimonio cultural como la falta de documentación. Resulta increíble que, por ejemplo, el Teatro de Bellas Artes no tenga un archivo ni una memoria de todo lo que ha sucedido desde el inicio de la planeación de su construcción. El archivo existente es notoriamente incompleto. Los archivos de otros teatros importantes de México son prácticamente inexistentes. Lo mismo sucede de la mayor parte de las instituciones culturales del país. En este catastrófico contexto resulta notoria la publicación del volumen Orquesta Sinfónica de Minería: 35 años, con un texto de Luis Pérez Santoja, fotografías de Lorena Alcaraz y Bernardo Arcos, publicado en conjunto por la UNAM, la Dirección de Difusión Cultural de la UNAM, la Faculta de Ingeniería, la Academia de Música del Palacio de Minería, la Editorial Planeta y Lunwerg Editores (México 2013). El volumen presenta un detallado texto debido a Luis Pérez Santoja en que se hace una recapitulación de la historia de la Orquesta de Minería, una amplísima sección de fotografías de la orquesta y los músicos que han actuado con ella. Finalmente, se presentan todos los programas de los conciertos ofrecidos desde el año 1978 hasta 2013. El volumen termina con un minucioso anexo en que se enlistan los compositores y las obras ejecutadas, las obras compuestas por encargo y los estrenos absolutos, directores concertadores que ha tenido la orquesta, así como los solistas, concertinos, coros, grupos y solistas de la orquesta. Aunque otras instituciones culturales han publicado en los últimos años libros similares, la aparición de un documento de esta índole sigue siendo en México excepcional y motivo de alegría. Se trata de la memoria de la actividad cultural de una de las orquestas con mayor importancia del país. Pero, ante todo, me parece ser un documento valioso para ver la evolución artística de este conjunto. Y el caso es por demás interesante. No es ningún secreto que cada generación inventa y construye una historia y tradición cultural de la cual se siente heredera. El caso más visible lo observamos en los cambios en el repertorio operístico: cada generación rescata y olvida determinadas obras para constituir su propio canon cultural. Estos cambios generacionales son más difíciles de percibir en la programación de las orquestas sinfónicas. Indudablemente ello se debe a que nuestra memoria musical al respecto es muy incompleta a nivel mundial. Y en México la situación es aun más difícil de estudiar por la falta de información básica e investigaciones fundamentales. No obstante, al revisar el presente volumen, y en particular la programación de los conciertos realizados por la Orquesta Sinfónica de Minería en los 35 años de su existencia es posible identificar una evolución. Si bien en la primera temporada (1978) se hizo un claro equilibrio entre el repertorio del siglo XVIII, XIX y XX es posible notar que a partir de la segunda temporada (1979) las obras predominantes fueron anteriores al siglo XX o, si acaso se tocaron obras del siglo XX, fueron partituras de tendencias conservadoras y moderadas. La situación era clara: una orquesta joven que, sin dejar completamente de incursionar en repertorios más contemporáneos (Luciano Berio, Lukas Foss, etc.), se concentró en consolidar un repertorio y técnica en la música del siglo XIX. Esto se logró realizando, por ejemplo, en 1983 un ciclo dedicado a Johannes Brahms.


     El caso me parece adecuado: una orquesta joven necesitaba conocer el repertorio tradicional. Pero ya en 1985 la orquesta se atrevió a ampliar el repertorio tocando la séptima de Schostakowich y de Manuel Enríquez su notable Manantial de soles. Fue una década en que la orquesta estuvo bajo la sólida batuta de Luis Herrera de la Fuente cuya maestría llevó a esta orquesta joven en muy poco tiempo a ser una de las orquestas más importantes del país. En los últimos años del siglo XX la orquesta fue dirigida por Jorge Velazco, quien amplió el repertorio a obras de enorme dificultad, como la tercera sinfonía de Mahler o la Gran Sinfonía Fúnebre y Triunfal de Berlioz. Tal periodo llegó a un inesperado fin con la temprana y lamentable muerte de Jorge Velazco acaecida el 5 de agosto de 2003. La orquesta quedó entonces, principalmente, bajo la batuta de Carlos Spierer, el cual consolidó la experiencia de la orquesta en el repertorio tradicional. Finalmente, a partir de 2006 la orquesta ha estado, principalmente, bajo la dirección de Carlos Miguel Prieto. Y es este periodo en el que la orquesta ha demostrado que el aprendizaje en el repertorio tradicional fue necesario y fructífero para poder enfrentarse a obras monumentales como Atlántida de Manuel de Falla, obras de Stravinsky, Schnittke, Ligetti, Lavista, la octava sinfonía de Mahler o los Gurrelieder de Schönberg.



     La evolución de la orquesta es clara y lógica: de un repertorio predominantemente tradicional, se ha logrado una gran madurez que permite abordar obras mucho más complejas. Hoy en día la orquesta está preparada para realizar el estreno en México de las sinfonías de Allan Petterson, el gran compositor sinfónico del siglo XX junto con Mahler y Schostakowitsch y cuyas obras se desconocen, lamentablemente, en México. La orquesta ahora está preparada para abordar repertorios difíciles y muy necesarios en México como las obras de Amadeo Roldán, Luis Humberto Salgado, Orrego Salas, Ginastera, Villa-Lobos y ese inmenso cúmulo de clásicos de la modernidad latinoamericana desconocidos casi por completo en México.



     El presente libro, finamente editado y con excelentes fotografías, es una ventana para ver la evolución de la Orquesta Sinfónica de Minería, pero también es invitación y celebración de un proyecto cultural que ha fructificado en una de las mejores orquestas latinoamericanas.


                                                                                                                                                  Abril 2014